POST-CONFLICTO

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viernes, 13 de mayo de 2016

SINGULARIDAD DEL CASO COLOMBIANO

Lo primero es saber que ni somos únicos ni estamos condenados. Nuestro caso es particular, especial, sui generis. Complejo. Pero, ¿cuál de los procesos de paz de los últimos treinta o cuarenta años no lo fue? Todos los procesos son distintos. Pero todos tienen muchos elementos comunes y es de ellos –y del tratamiento que se les dio en cada caso- de donde debemos aprender y señalar nuestra propia ruta.

Quizás el concepto más repetido en estos primeros días sea el de que “no deben repetirse los errores del Caguán”. Cierto y políticamente correcto. Pero demasiado restringido. Además de mirar hacia el Caguán, hay que mirar también a Santo Domingo o a Flor del Monte. Pero sobre todo hay que mirar hacia Sudáfrica, hacia Irlanda del Norte, hacia las negociaciones centroamericanas, hacia Argentina o hacia Chile. Hacia Nuremberg. Hacia el Tribunal para la Antigua Yugoslavia y hacia muchos otros sitios donde fue vencida la desesperanza de la violencia. En muchos de ellos se dieron respuestas sobre casi todos los problemas que deberemos resolver si el proceso avanza. Y nuestra primera obligación es conocerlas y ver claramente su aplicabilidad.


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