Lo
primero es saber que ni somos únicos ni estamos condenados. Nuestro caso es
particular, especial, sui generis. Complejo. Pero, ¿cuál de los procesos de paz
de los últimos treinta o cuarenta años no lo fue? Todos los procesos son
distintos. Pero todos tienen muchos elementos comunes y es de ellos –y del
tratamiento que se les dio en cada caso- de donde debemos aprender y señalar
nuestra propia ruta.
Quizás
el concepto más repetido en estos primeros días sea el de que “no deben
repetirse los errores del Caguán”. Cierto y políticamente correcto. Pero
demasiado restringido. Además de mirar hacia el Caguán, hay que mirar también a
Santo Domingo o a Flor del Monte. Pero sobre todo hay que mirar hacia
Sudáfrica, hacia Irlanda del Norte, hacia las negociaciones centroamericanas,
hacia Argentina o hacia Chile. Hacia Nuremberg. Hacia el Tribunal para la
Antigua Yugoslavia y hacia muchos otros sitios donde fue vencida la
desesperanza de la violencia. En muchos de ellos se dieron respuestas sobre
casi todos los problemas que deberemos resolver si el proceso avanza. Y nuestra
primera obligación es conocerlas y ver claramente su aplicabilidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario